Síntomas de la alergia alimentaria
La gravedad de los síntomas de una alergia alimentaria y cuándo aparecen depende de:
- la cantidad del alimento alergénico que ingiera el niño
- el grado de exposición que haya tenido previamente al alimento alergénico
- la sensibilidad que tenga al alimento.
Los síntomas de las alergias alimentarias incluyen:
- picor en la boca y en la garganta al tragar el alimento (algunos niños sólo presentan este síntoma, conocido como "síndrome de alergia oral")
- manchas rojas en la piel asociadas a picor (ronchas)
- vómitos o diarrea (mientras el cuerpo intenta eliminar el alérgeno).
Síntomas de la alergia al veneno de insecto
Cuando a un niño le pica un insecto a cuyo veneno es alérgico, puede presentar algunos de los siguientes síntomas:
- inflamación de la garganta
- ronchas por todo el cuerpo
- dificultad para respirar
- náuseas
- diarrea
¿Qué es una reacción anafiláctica?
Muy poco frecuentemente, si la sensibilidad a un alergeno es extrema, un niño puede presentar una reacción anafiláctica (o choque (shock) anafiláctico). Se trata de una reacción muy intensa y repentina que afecta a varios sistemas corporales (como la respiratorio, cardiovascular).
Los síntomas o reacciones graves a cualquier alergeno, desde a determinados alimentos hasta al veneno de ciertos insectos, requiere atención médica inmediata. Entre los síntomas de la reacción anafiláctica, se incluyen:
- dificultad para respirar
- inflamación (sobre todo de la cara, la garganta, los labios y la lengua, en el caso de las alergias alimentarias)
- rápido descenso de la tensión arterial
- mareo
- pérdida de la conciencia
- ronchas
- opresión de pecho
- ronquera o afonía
- náuseas
- vómitos
- dolor abdominal
- diarrea
- vértigo o sensación de que se te va la cabeza
La reacción anafiláctica se puede producir al cabo de sólo dos segundos de exponerse a la sustancia desencadenante o puede tener una latencia de dos horas si ha sido desencadenada por un alimento. Puede afectar a varias partes del cuerpo.
De todos modos, afortunadamente las reacciones alérgicas graves que pueden poner en peligro la vida sólo se dan en una cantidad reducida de niños. De hecho, la incidencia anual de reacciones anafilácticas es baja -en torno al 30 sobre 100.000- aunque las personas con asma, eccema o fiebre del heno tienen más probabilidades de presentarlas. La mayoría -hasta el 80%- de las reacciones anafilácticas son desencadenadas por cacahuetes o frutos secos.
¿Cómo se diagnostican las alergias?
Algunas alergias son bastante fáciles de diagnosticar porque el patrón de síntomas que sigue a la exposición a determinados alergenos es fácil de identificar. Pero otras alergias son menos obvias porque sus síntomas recuerdan a los cuadros clínicos de otros trastornos.
Si su hijo presenta síntomas catarrales durante más de una semana o dos o siempre se "acatarra" en la misma época cada año, consulte con el pediatra. Probablemente éste le hará preguntas sobre los síntomas de su hijo y sobre cuándo suelen aparecer. Dependiendo de las respuestas que usted le dé y de los resultados de la exploración física del niño, el pediatra podrá emitir un diagnóstico y recetarle medicación o bien derivarle a un alergólogo para que le haga un estudio de alergia en profundidad y le recomiende un tratamiento.
Es probable que el alergólogo tenga que practicarle a su hijo pruebas cutáneas para determinar si es alérgico a los alergenos ambientales y alimentarios más comunes. Las pruebas cutáneas se pueden hacer en lactantes de pocos meses, pero son más fiables a partir de los dos años de edad.
Las pruebas cutáneas de alergia se pueden realizar de dos formas diferentes:
- Se deposita una gota del alergeno en forma de líquido purificado y se realiza un pequeño pinchazo en el área.
- Se inyecta una pequeña cantidad del alergeno justo debajo la piel. El pinchazo se nota un poco, pero no se trata de un procedimiento muy doloroso. Al cabo de aproximadamente 15 minutos, si en el sitio de la inyección aparece un bultito rodeado de un área rojiza (similar a la picadura de un mosquito), la prueba es positiva.
Si la reacción alérgica a un alimento u otro alergeno es muy intensa, se puede hacer un análisis de sangre en vez de una prueba cutánea para hacer el diagnóstico, porque así se evita exponer al paciente al alergeno. Las pruebas cutáneas son menos caras y más sensibles que los análisis de sangre para emitir un diagnóstico de alergia. Pero los análisis de sangre pueden ser más recomendables en niños con problemas cutáneos o que son extremadamente sensibles a un alergeno en particular. Los análisis de sangre también son útiles para determinar si un niño ya ha superado una alergia alimentaria, porque las pruebas cutáneas tienden a seguir dando resultados positivos a pesar de que el niño ya haya superado la alergia.
Aunque las pruebas cutáneas o el análisis de sangre dé positivo, el niño deberá presentar también síntomas para que se le pueda diagnosticar una alergia. Por ejemplo, un niño con un resultado positivo en la prueba cutánea para los ácaros del polvo y que estornuda frecuentemente mientras juega en el suelo podrá considerarse alérgico a los ácaros del polvo.
¿Cómo se tratan las alergias?
No existe una cura real para las alergias, pero es posible aliviar sus síntomas. La única forma de controlar las alergias en el día a día es reducir o eliminar la exposición a los alergenos. Esto significa que los padres deben educar a sus hijos desde pequeños, no sólo sobre la alergia en sí misma, sino también sobre las reacciones que pueden presentar si ingieren o entran en contacto con el alergeno.
Informar a todas y cada una de las personas que están al cuidado de su hijo (desde los monitores y profesores del colegio o guardería hasta los familiares y los padres de sus amigos) sobre la alergia que éste padece es igual de importantes para reducir al máximo los síntomas alérgicos del niño.
Si no es posible o factible reducir la exposición al alergeno, lo más probable es que el alergólogo le recete a su hijo medicamentos, incluyendo antihistamínicos (que se pueden adquirir sin receta medica) y corticoesteroides inhalados o en nebulizador nasal. En algunos casos, el alergólogo también recomendará la inmunoterapia (vacunas para la alergia) a fin de ayudar a desensibilizar al niño al alergeno.
Aquí tiene algunas medidas que usted puede adoptar para ayudar a su hijo a evitar los alergenos transportados por el aire:
- No permita que los animales domésticos entren en algunas habitaciones de la casa, por ejemplo, en el dormitorio de su hijo, y báñelas cuando sea necesario.
- Retire las alfombras, alfombrillas o moquetas de la habitación de su hijo (las superficies duras no acumulan tanto polvo como las almohadilladas).
- No cuelgue cortinas gruesas y deshágase de los objetos que tienden a acumular polvo (como peluches, tapices y similares).
- Limpie la casa frecuentemente.
- Si su hijo es alérgico a los ácaros del polvo, utilice fundas especiales para cubrir sus almohadas y colchones.
- Si su hijo es alérgico al polen, mantenga las ventanas cerradas cuando la polinización esté en su máximo apogeo, pídale a su hijo que se cambie de ropa cuando llegue a casa después de estar al aire libre y no le deje cortar el césped.
- Si su hijo es alérgico al moho, pídale que evite los lugares húmedos, como los sótanos, y mantenga limpios y secos el cuarto de baño y otros lugares donde se tiende a formar moho.
¿Cómo actúa la adrenalina inyectable?
Generalmente las alergias alimentarias no duran toda la vida (aunque las alergias al cacahuete, los frutos secos y el marisco pueden ser de por vida). Mientras persista la sensibilidad, la única forma de evitar los síntomas es evitar el alimento alergénico. Si su hijo es extremadamente sensible a un alimento en particular o si padece asma aparte de la alergia alimentaria, probablemente el pediatra le recomendará llevar siempre encima adrenalina inyectable (también denominada epinefrina) para contrarrestar cualquier reacción alérgica que pueda tener su hijo. Es posible que el pediatra también le recomiende llevar siempre encima adrenalina inyectable si su hijo es alérgico al veneno de insecto.
La adrenalina inyectable, disponible en un envase fácil de transportar que parece un bolígrafo, es algo que millones de padres de niños alérgicos llevan siempre encima. Con un solo pinchazo en el muslo, estas inyecciones fáciles de administrar suministran suficiente adrenalina para contrarrestar la reacción alérgica.
Una caja de adrenalina inyectable suele contener dos inyecciones autoinyectables y un dispositivo para practicar, sin aguja ni adrenalina, que sirve para que usted o su hijo (si es lo bastante mayor) se entrenen en el uso del dispositivo. Es muy importante que usted se familiarice con el procedimiento practicando. El pediatra de su hijo también le dará instrucciones sobre cómo utilizar y conservar la adrenalina inyectable.
Si su hijo tiene 12 años o más, asegúrese de que siempre lleva encima adrenalina inyectable. Si su hijo todavía no ha cumplido 12 años, hable con la enfermería del colegio y con su tutor, así como con cualquier otra persona que esté a su cuidado, para que tengan siempre a mano la adrenalina inyectable por si hubiera una urgencia.
También es importante que se asegure de que tener siempre adrenalina inyectable en su casa, así como en las casas de los amigos de la familia y parientes que frecuenta su hijo. Es posible que el pediatra del niño también le recomiende llevar una placa de alerta médica colgada de una pulsera o cadena para el cuello. También es una buena idea llevar encima algún antihistamínico de venta sin receta médica, que puede ayudar a aliviar los síntomas alérgicos en algunas personas. Pero recuerde que los antihistamínicos no se deben utilizar nunca como sustitutos de la adrenalina.
Cuando un niño tenga que utilizar la adrenalina inyectable, luego deberá ir inmediatamente al servicio de urgencias de un centro médico u hospitalario, donde le administrarán tratamiento adicional si es necesario. Hasta un tercio de las reacciones anafilácticas cursan con un segundo episodio de síntomas varias horas después del ataque inicial, por lo que es recomendable tener al niño bajo observación en una clínica u hospital durante 4 a 8 horas después de la reacción, aunque parezca encontrarse bien.
La buena noticia es que sólo una cantidad muy reducida de niños tiene reacciones alérgicas graves que pueden poner en peligro su vida. Con un buen diagnóstico, las medidas preventivas adecuadas y un correcto tratamiento, la mayoría de los niños pueden mantener sus alergias bajo control y llevar vidas felices y saludables.
Actualizado y revisado por: Denise DiPrimio-Kalman y Kathleen Trzcinski, RN, MSN